La anorexia es un trastorno alimenticio que lleva a la persona a pesar menos de lo considerado sano para su altura. 

El individuo que padece anorexia vive una realidad consciente y otra inconsciente. 

Conscientemente rechaza su cuerpo y el alimento que ingiere. Puede padecer miedo severo a engordar y desarrolla conductas obsesivas al respecto. Piensa y siente auto rechazo, miedos, inseguridades de diverso tipo, puede sentir asco por la comida o tipos de ella e incluso reacciones alérgicas con alimentos o quién los facilita.

Inconscientemente la situación es más sutil. La comida que la persona con anorexia ingiere es alimento literal y también alimento simbólico. Simbólicamente, también necesitamos alimento afectivo y, cómo mamíferos que somos, el alimento literal es igual a mamá y el alimento afectivo es igual al amor materno.

Alimento = Comida  –  Comida = Leche materna  –  Alimento = Mamá

Alimento = Amor  –  Amor = Mamá

Con esta premisa; si una persona, inconscientemente, rechaza el alimento que ingiere (sintiendo asco, vomitando, alergias, ayunando, etc.), esto puede indicar que no solo está rechazando el pan, la fruta o lo que fuese; sino que está rechazando lo que simboliza, o sea, el amor de mamá.

Y da igual la edad del individuo, la relación actual con la madre o la ausencia de esta. Cualquier alimento y su procedencia activa esa memoria emocional oculta en la cuál la madre o quién cumplió la función materna, supuso algo adverso y quedó grabado cómo tal; amor malo.

No estoy culpando a la madre, no hay culpables en la persona con anorexia, hay un error de asociación.

Tuve un caso de una mujer adulta que padecía anorexia que, entre otras memorias emocionales, de niña, su madre no le daba cena porque: …“dormida no sentirás el hambre”… y muchas veces la mandaba al colegio sin desayuno con el argumento: …”le pides un trocito de bocadillo a diferentes niños y así, comes algo”… 

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Quién padece este trastorno, vive un enorme déficit afectivo, a veces difícil de reconocer y superar. Consecuentemente, la anorexia, condiciona a aferrarse a cualquier expresión de afecto, limitando al afectado en su camino a la independencia y equilibrio emocional.

Sin duda, el primer e imprescindible paso para conseguirlo y liberarse es, comprender y aceptarse.