En relación a nuestro peso hay que considerar que:

  • El peso está determinado por el balance entre lo que ingerimos y lo que gastamos.
  • Lo que ingerimos es transformado en energía mediante el metabolismo,

en forma de energía para uso inmediato -glucosa, minerales, proteínas- o acumulables –líquidos y lípidos/ grasa-.

  • El metabolismo está gestionado por el cerebro.
  • El cerebro percibe las experiencias vividas en forma de emociones.
  • Las emociones se activan según lo que percibimos, sean reales o fantasías. 
  • Nuestro sistema de memoria tiene como función prevenirnos ante lo perjudicial y lo beneficioso.
  • Para el cerebro, una memoria adversa es, en alguna medida, un peligro a la supervivencia.

Cuando el cerebro, que gestiona el metabolismo, que determina nuestro peso; detecta un “peligro o amenaza” para nuestra vida, o sea cuándo sentimos “miedo”; por ejemplo: una situación o sensación de abandono (un bebé que es literalmente abandonado por sus padres en la puerta de un orfanato… –elijo intencionadamente un ejemplo extremo-); ¿no sería “sensato” que el programa de supervivencia física del cerebro diese una orden al organismo para que en esta situación de emergencia garantizase su supervivencia y retuviera líquidos y alimentos, o sea, engorde?

En la primera infancia podemos percibir abandono no siendo atendidos suficiente o adecuadamente. Al crecer cuando nuestros padres o uno de ellos no está (separación, trabajo, desinterés, viajes, fallecimiento prematuro); esto puede ser percibido por el cerebro de esta criatura cómo ¡alerta, peligro; no tengo quién me alimente, cuide, atienda! Y consecuentemente da la orden de “solucionar” este conflicto emocional acumulando líquidos y nutrientes, o sea sobrepeso. 

Abandono = soledad, desnutrición, desprotección= PELIGRO DE MUERTE

El cachorro humano nace inmaduro y, cómo tal, necesita de la imperiosa atención de sus progenitores para vivir. Para el inconsciente, sin esta atención muere.

Abandono = estar perdidos

Cuando un perro, por ejemplo, está perdido, incrementa su actividad para buscar a su dueño ¿verdad?, está nervioso e hiperactivo. Pues los humanos también. Al estar o sentirnos perdidos, nuestro cerebro da la orden de excreción de cortisol –hormona que activa el suministro de energía al organismo-. Sin embargo, no olvidemos que es “una sensación” de estar perdidos, no estamos perdidos ni tenemos que ir de aquí para allá para encontrar a nadie… consecuentemente esa energía no se consume por nuestro sistema muscular y la forma de procesar el organismo esa situación de exceso de azúcares –hiperglucemia- es provocando un hambre voraz…lo que evidentemente se traduce en más kilos.

Abandono = desvalorización

Cuando nos abandonan puede sobrevenir un sentimiento de desvalorización y un “mecanismo” que tiene nuestro cerebro de “solucionar” el “peligro” que supone valer menos es abultando más, siendo más grandes. El pez Globo se infla ante el peligro, los gatos erizan su pelo, el león su melena…

Abandono = miedo

Creo que no es necesario profundizar en que el individuo abandonado siente miedo, incluso miedo a ser atacado. Esto provoca un estado de híper vigilancia y, en este estado, la tiroides entra en acción. La tiroides secreta tres hormonas: la Tiroxina, la Triyodotironina y la Calcitonina. La primera y la segunda estimulan el consumo de oxígeno y energía y la tercera la construcción ósea. Es decir que, al aumentar las hormonas tiroideas en la sangre –hipertiroidismo- sin haber incremento de actividad, puede aumentar la demanda alimentaria, hambre, y al disminuir el nivel hormonal –hipotiroidismo- puede aumentar la acumulación de reservas de energía/ grasas al no ser utilizadas.

Y hay más…

Podemos y debemos comer equilibrado y hacer ejercicio, pero, cómo ves, si hay factores emocionales dominantes quizás no sea suficiente con ello y debamos conocer y resolverlos y, además, aparte de perder los kilos de más viviremos en mayor armonía y tranquilidad.

¡Benditos kilos que nos avisan cómo vivir mejor! Y cómo las emociones y sobrepeso pueden estar relacionados.

¡Os quiero kilos pero soy más feliz sin vosotros!…Jajaja!!!

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