Desde el momento en que llegamos a este mundo, necesitamos a mamá. 

Hasta que terminamos de desarrollarnos, somos seres vulnerables y dependemos completamente de nuestros cuidadores, principalmente de nuestra madre. Esta dependencia es innata y esencial para nuestro desarrollo. Sin embargo, cuando esta relación se torna en una madre tóxica, pueden surgir consecuencias negativas en la vida del hijo o hija.

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El amor maternal es la medida que disponemos para percibir tener las necesidades satisfechas en la infancia. Los lazos emocionales que se establecen con la madre son cruciales para nuestro bienestar psicológico y emocional a lo largo de la vida. Desde el afecto hasta la alimentación, pasando por la seguridad y el apoyo emocional, mamá juega un papel fundamental. Es una cuestión de supervivencia pura.

El apego a la madre es un fenómeno natural que se desarrolla en los primeros años de vida. Es un lazo emocional que nos proporciona seguridad y consuelo. A través del contacto físico y las muestras de amor, creamos un vínculo sólido que influye en nuestras relaciones futuras. Cuando este apego se forma de manera saludable, se convierte en un cimiento sólido para la independencia y la confianza en uno mismo.

Sin embargo, en ocasiones, es posible tener una madre tóxica. Una madre tóxica es aquella que ejerce un control excesivo sobre su hijo o hija, manipula emocionalmente, o no permite que el niño o la niña desarrolle su propia independencia. Sus propias limitaciones en forma de miedos, orgullo excesivo, ambición, inseguridad o sumisión, entre otras, condicionan cómo este adulto se relaciona con la criatura dependiente. Esto puede dar lugar a una dependencia emocional poco saludable que afecta negativamente a la vida del futuro adulto.

El término «madre tóxica» se refiere a patrones de comportamiento negativos que obstaculizan el crecimiento personal y la autonomía de sus hijos. Estos patrones pueden manifestarse de diversas formas, como críticas constantes, sobreprotección o falta de apoyo en momentos clave. Es, principalmente, cómo percibe el pequeñín, el amor de mamá: si es suficientemente bueno o no.

Es fundamental reconocer y abordar estos patrones para sanar y construir relaciones más saludables. El amor maternal es esencial, pero debe fomentar la independencia y el desarrollo personal. Necesitamos a mamá, pero también necesitamos espacio para crecer como individuos.

Todas las madres, sin quererlo, utilizan la necesidad de amor que tiene su hijo para “salirse con la suya” –orden, higiene, seguridad, estudios, colaboración, responsabilidad y más-. Cada vez que mamá se enfada, el pequeño percibe un
“mamá no me quiere” y eso no es así. Esto se llama manipulación o chantaje emocional. La cosa está en cuanto lo hacen. Si es en una medida justa o excesiva. La justa estimula el aprendizaje y acerca, la excesiva, intoxica y aleja.

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